Difícilmente pueda sostenerse que la historia de las ataduras se limita a las prácticas ceremoniales, las artes marciales, el teatro, la ilustración, la fotografía, el cine porno y la escena del SM underground. También ha tenido un correlato en la esfera de lo privado, vinculado a ese shibari que se iba gestando en la vida pública.
Es sabido que apasionados del período Edo se inspiraron en guerreros samurais para recrear imágenes de la belleza del sufrimiento, como Seiu Itoh en sus ilustraciones y fotografías. Así como que escenas de seme-e y Kabuki fueron objeto de fascinación de precursores del porno SM, como Nureki Chimuo y Minomura Kou.
¿Pero qué sabemos de las historias no contadas nacidas entre tatamis y futones? Siendo que ni el budismo ni el sintoismo catalogaron al sexo como «pecado», numerosas fuentes señalan que la vida sexual en Japón era bastante más libre de lo que creemos en occidente.Así pues, es razonable concluir, sobre la base de nuestras propias vivencias, que algunas personas comunes y corrientes llevaron sus morbos al ámbito de lo privado.
La otra aplicación de las ataduras puertas adentro fue el castigo doméstico. Minomura Kou, por ejemplo, relató que descubrió cuán hermosa era su madre al encontrarla atada a un hashira (pilar). Tal había sido el castigo por haberse enamorado de un joven actor y pretender huir con él.
Así, las restricciones en la esfera privada también deberían tomarse como parte de la génesis del shibari moderno.
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