Las clases en el Dojo usualmente son grupales semanales y cuentan con un máximo de cuatro a cinco estudiantes atadores (10 personas). Una metodología frecuente en los talleres de shibari es que le profesore hace una atadura y luego les estudiantes la reproducen. En el estilo Dojo no enseñamos así. Cada pareja comienza por tener una pequeña charla de negociación y consenso en la cual deciden que van a realizar ese día. Para ello tienen en cuenta su estado emocional actual y el nivel de experiencia de cada une; se presenta como propuesta a le profesore y, con su conformidad, se realiza una activación corporal y autopercepción emocional para estar mejor preparades para la clase.
Es así que cada pareja realiza aquello que acordaron en conjunto con le docente y este se ocupa de brindar los conocimientos necesarios para realizar la atadura.
Atar a una persona es como llevarla con los ojos cerrados en su momento de mayor vulnerabilidad a un lugar a la cual no puede ir si no es de tu mano. Esto genera una enorme responsabilidad de cuidado en todo el proceso de ida y vuelta, pues igualmente relevante es traer a esa persona a su estado de normalidad. Las ataduras se vuelven un paréntesis en la realidad y debemos acompañar tanto al salir como al entrar en ella.
Para finalizar se realiza lo que se conoce como aftercare o cuidados posteriores, que dependen de cada persona y, por ende, deben negociarse. Por ejemplo, hay quienes tienen frío y necesitan una manta; quienes necesitan un momento de silencio; algo dulce o salado algo para comer o beber; palabras de cariño y contención, etc.





