Apogeo y ocaso del Hojōjutsu

Teniendo en cuenta que el arte de atar está profundamente arraigado en la cultura japonesa, y sumando que Japón cuenta con recursos naturales limitados, es esperable que las cuerdas fueran introducidas como elemento de batalla. Es así que el Hojōjutsu (捕縄術), arte marcial en el cual se utilizaban cuerdas para capturar, transportar, torturar, exhibir y -ocasionalmente- ejecutar oponentes, era una de las 18 habilidades enseñadas a los guerreros samuráis.

Durante la guerra civil entre “señores feudales” daimyō, todos los guerreros Samuráis estudiaban Hojōjutsu. En el período del Edo (1603-1868) comienza la unificación del Japón bajo el Yogunato de Tokugawa y solo los oficiales de la ley lo estudiaban (Master K). Este incluía técnicas de captura con la llamada “cuerda rápida” o Torinawa, y el Honnawa, con la “cuerda principal/oficial”, para las demás tareas. Siendo que se contaba con más tiempo, las ataduras eran complejas e incluían diseños intrincados, especialmente para la parte de la exhibición pública. Debe tenerse en cuenta que el ser atado era considerado un destino vergonzoso, por lo cual representaba deshonra y ostracismo de la sociedad (Master K).

Midori, en su libro The Seductive Art of Japanese Bondage, señala que “Fue en este punto que el árbol genealógico de las artes con cuerdas sufrió una gran división. (…) Una rama mantuvo su propósito como método disciplinado pero pragmático de gestión criminal/prisionera. Las formas estándar de artes marciales fueron pulidas y perfeccionadas por diferentes escuelas, llegando a estar altamente codificadas con muchas variaciones sutiles de colores de cuerdas y métodos de atado para reflejar el rango del capturado, el nivel de delincuencia, la estación del año, etc. Edo parece haber sido la época en la que el arte marcial de la cuerda se acercó a la delicadeza de las artes decorativas.” (Midori).

Las reglas del Honnawa eran: 1) debe ser imposible que el prisionero escape, aún dislocándose articulaciones; 2) el prisionero no debe comprender la atadura; 3) no se debe cortar la circulación o dañar nervios deliberadamente; 4) la atadura debe ser bella. ¿En que otro sitio, si no es Japón, hubiera existido esta última regla? Claramente ello se desprende de la tendencia japonesa de ritualizar y embellecer objetos y actividades cotidianas.

Por otra parte, se legislaron los métodos de tortura, siendo estos, de menor a mayor: 1) azotes y flagelación (Mutchiuchi), 2) compresión del cuerpo con piedras, por ejemplo en soroban (Ishidaki), 3) atadura del camarón (Ebizeme), y 4) suspensiones (Tsurizeme) (Murakawa y Master K). Otras torturas no autorizadas eran suspender de los tobillos y sumergir la cabeza en un balde de agua; unir tobillos y muñecas suspendidas con una piedra en la cintura, suspensión tipo presa con manos y pies hacia arriba; y, en el caso de las prostitutas, mojarlas con cuerdas para que al secar compriman el cuerpo.

El Yogunato restringió el contacto con otros países, generando así un período de fuerte aislamiento social, económico, cultural y religioso. Durante ese período de casi nula interacción con el mundo exterior, se preservaron, desarrollaron y/o popularizaron buena parte de los antecedentes del shibari mencionados hasta aquí. Sin ir más lejos, luego del Edo vino la etapa de Restauración Menji, en la cual se abrieron las fronteras al comercio, los samuráis fueron desclasados de su estatus social superior, las cuerdas fueron reemplazadas como elementos de restricción por grilletes, el Hojōjutsu fue dejando de enseñarse en las diferentes escuelas y, en 1879, se prohibió la tortura (Master K).

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