Muga (無我) es el nombre en Romaji -escritura del japonés en el alfabeto latino- de Anatman en sánscrito y Anatta en pali, términos provenientes del budismo. Sin ser una especialista y reconociendo que no existen consensos al respecto, Atman es el “yo”, el “yo mismo” o el “ego”; en algunos casos traducido también como “alma”, por influencia de las religiones occidentales.
Anatman es la negación de atman, esto es, la negación de esa esencia inmutable, perenne e intrínseca. Es el no-yo o ausencia de un yo permanente; el reconocimiento de que las entidades estamos en constante cambio y condicionadas por el entorno. De acuerdo a algunas ramas del budismo, al comprender la naturaleza de ese no-yo se puede lograr el desapego y la liberación del sufrimiento.
En el Libro de los Cinco Anillos, escrito por Miyamoto Musashi en 1645, el autor establece relaciones entre el budismo y las artes marciales en el “Libro del Vacío”. Allí señala a Anatta -la nada o vacío de sentido del sí mismo- como un camino hacia la virtud y la sabiduría; el verdadero camino del guerrero. Ello se obtiene principalmente a través del estudio permanente y la práctica acumulativa, día a día, hora a hora.
Muga sería entonces el “estado que se alcanza cuando uno pierde las limitaciones del ego y se deja fluir, plenamente concentrado en el acto, en el presente”. Así como aplica a la esgrima, también ha sido retomado para aplicarlo al shibari, bajo el concepto de Muganawa, siendo nawa cuerda.
Osada Steve -que incluyó Muganawa como uno de sus 9 Portales- relata haber tenido una conversación con Akechi Denki, en la cual este habría dicho: “Vacío mi mente y entonces las ideas vienen solas a mí, ya sea de mi interior o desde el interior de la pareja a la que estoy atando. A veces las cuerdas se mueven por su cuenta y mis manos sólo las siguen y esto es siempre una experiencia apasionante. Siento que desaparezco. Cada vez que eso sucede, el Shibari queda siempre muy bonito.”
Osada desarrolla: “Como protagonista activo en una sesión de cuerdas, imagínese vaciando su mente de pensamientos y deseos. Esto se logra al favorecer que surjan sentimientos de amor y empatía hacia su pareja y que éstos pasen ahora a un primer plano. Entregar y no recibir. Su meta no es la de satisfacer sus propios anhelos, su lujuria, sino más bien poder llegar a un estado de conciencia elevado que le permita discernir e interpretar los sutiles mensajes y señales que emanan desde la persona que se encuentra pasivamente sometida frente a usted. Si la sesión se da de esta manera, podrá ser capaz de leer y comprender profundamente las necesidades de su compañero de cuerdas como un libro abierto. De hecho, podrá captar aquellas necesidades antes de que la propia persona implicada se dé cuenta.”
Al comprender Muganawa decidí ponerle ese nombre al Dojo, no solo porque expresa mi forma de atar, sino también porque aspiro a un shibari en el que se pueda dejar de lado el ego de le atadore para que se establezca un diálogo silencioso, con las cuerdas como medio, del que afloren emociones compartidas, profundas, inesperadas, únicas e irrepetibles. Anhelo un shibari de conexión empática con le otre, en el cual el yo se disuelva para despojarse de intenciones prefijadas y sea moldeado espontáneamente en un presente que tenga a ambas partes como protagonistas.
Esto no significa que siempre atemos en ese estado de conciencia. En ocasiones tenemos una intención y actuamos en función de ello. A veces al punto tal que se desdibuja la otra persona y nuestro ego nos ve, juzga, critica, aplaude… Pasamos a ser el centro. El objetivo es realizar nuestra idea. Cuando eso sucede, la atadura se vuelve protagonista y perdemos de foco la comunicación. ¿Qué sentido tendría el diálogo si yo ya sé que voy a hacer? ¿Por qué habría de leer a la otra persona si no estoy permeable a transformar mi intención?
Desde luego, todo se trata de encontrar un equilibrio que nos permita establecer vínculos de cuerdas en el que damos y recibimos para alcanzar por un instante la felicidad.
NegraNoche
